Hola, soy Victoria — y esto es lo que hago

Hay una imagen que tengo grabada de pequeña: la mesa del salón de casa llena de folios y varios estuches con lápices, rotuladores y ceras. Bueno, las ceras blandas no eran mis favoritas porque se me manchaba todo, pero el gesto era siempre el mismo. La forma que tenía mi madre de decirme: aquí tienes, crea algo.

Mi madre fue mi primer referente creativo y probablemente el más importante. Era de esas personas que ven posibilidades donde otros ven cartón y palillos. Las tartas de cumpleaños de casa eran trenes construidos con bizcochos alargados, Mikados haciendo de vigas, Filipinos como ruedas y un jardín de cartulina verde con florecillas y ositos como personas. Los disfraces para el colegio siempre los hacía ella, siempre perfectos. Las cartas a los profesores a final de año eran pequeñas obras de arte. Crecí viendo que la creatividad no era un talento especial reservado para algunos, sino una forma de mirar el mundo que cualquiera puede cultivar.

Y claro, también crecí viendo Art Attack con mis dos hermanos. ¿Alguien más recuerda ese castillo hecho con rollos de papel higiénico? Nosotros lo hicimos, y quedó precioso.

En casa la creatividad nunca fue solo cosa mía. Mi hermana Ángeles, que es mayor que yo, fue la primera en mostrar esa inclinación hacia el dibujo y la creación. Siempre la he admirado por la forma en que construye su propio arte con tanta identidad. Hoy es tatuadora y ver su trabajo me sigue inspirando. Supongo que en casa el arte simplemente estaba en el ambiente.

Luego está Juan José, mi mellizo. Crecer junto a alguien desde el primer día de vida te enseña cosas que no se aprenden en ningún sitio. Él me ha enseñado que hay miles de formas de ver el mundo, que la nobleza es una forma de fortaleza y que preocuparse de verdad por los demás, por todo y por todos, es uno de los gestos más bonitos que existe.

Y si hay alguien más que ha estado en todo este recorrido, esa es mi mejor amiga, a la que conozco desde hace más de diez años. Ella es maquilladora, otra de esas personas que desde jóvenes supo que quería crear con sus manos y no se conformó con menos. Nos hemos apoyado en los momentos de duda, celebrado cada pequeño avance y, sobre todo, nos hemos recordado la una a la otra que merece la pena apostar por lo que te hace vibrar. Hay algo muy bonito en crecer junto a alguien que también está construyendo su sueño.

Con el tiempo, de forma casi sin querer, esa manera de necesitar hacer bonito las cosas fue apareciendo en todo lo que hacía. Los dibujos en las esquinas de los folios, las portadas de las libretas decoradas con mimo, las presentaciones siempre un poco más cuidadas que las demás. Fue entonces cuando empecé unas clases de pintura con Isabel Moya, una persona maravillosa que no fue solo un descubrimiento de técnica sino de manera de ver las cosas, de esa conexión especial que tienen algunas personas para ver lo que llevas dentro antes de que tú misma lo veas. En aquel momento lo sentía como una afición con la que disfrutaba enormemente, pero todavía no terminaba de verlo como parte de mí.

El cambio llegó en el instituto, de la mano de un profesor llamado Ricardo Escavy al que siempre le estaré agradecida. Había elegido la rama de Ciencias, que nunca me había costado, pero sin saber muy bien hacia dónde quería ir, hasta que él me miró y me dijo que apostara por Bellas Artes, que confiara en lo que me sale natural. Le hice caso, y fue una de las mejores decisiones de mi vida.

Estudié el Grado de Bellas Artes en la Universidad de Murcia y fueron unos años preciosos para conocerme, aprender técnicas, descubrir nuevos materiales y entender lo bonito que es contar algo creando. Amé la fotografía, la escultura, la pintura y el dibujo, aunque tallar en madera es otra historia que prefiero no contar. Después llegó el Máster de Gestión y Producción Artística, donde encontré ese toque más profesional y la libertad de desarrollar lo que cada uno lleva dentro. Y más tarde el Máster de Educación Secundaria en la especialidad de dibujo, porque siempre ha habido en mí algo que necesita compartir, enseñar y dar.

Ahora mismo lo que más me llena es exactamente eso: dar de manera honesta. Crear algo con las manos que tenga un significado real para quien lo recibe. Un retrato de una mascota que ya no está, un regalo que no se puede comprar en ninguna tienda, una ilustración que capture algo que no quieres olvidar. Todo lo que he aprendido y todo lo que me han enseñado acaba aquí, en algo hecho a mano, con cariño, pensado para ti.

Un abrazo, Victoria

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